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La crisis: otra oportunidad perdida

Las crisis, pueden ser oportunidades. Lo son de hecho para quien sabe aprovecharlas, quien aprende de ellas, innova o modifica sus hábitos a favor de otros más idóneos.
Pero en sanidad, en la sanidad pública, no hemos sabido aprovechar para nada esta lamentable crisis.
Dos enfoques de cómo podría haberse afrontado esta situación de escasez de recursos financieros –ya que es a esta vertiente económica a la que nos referimos al hablar de crisis- para intentar mejorar la situación de la organización sanitaria.
Una, por parte de la propia organización, intensificando las actividades y actuaciones de inspección y evaluación del sistema. Es sobradamente conocido que existen múltiples nichos de actividad mejorable: horarios, tiempos de utilización de tecnologías, porcentajes de uso de consultas, quirófanos y exploraciones, análisis de listas de espera y tiempos de demora, estudio de derivaciones… y un largo etcétera.
Esta sería una primera forma de aproximación a la mejora de la eficiencia, el análisis del rendimiento.
Una segunda fórmula, desde los propios profesionales, desarrollando metodologías de trabajo que se hubieran orientado a la efectividad y a la mejor protección de la salud. Es comúnmente aceptado que de la actividad sanitaria desarrollada –en términos generales- una tercera parte de la misma, es inadecuada. Y este principio es aplicable a la casi totalidad de las actuaciones sanitarias: consultas, exploraciones, peticiones de pruebas…
Sería desde la reflexión sobre la inadecuación, sobre el uso inadecuado de recursos, que los profesionales podrían haber desarrollado métodos más eficientes, más ajustados a las necesidades reales.
Esta segunda opción de haber aprovechado la crisis, tendría dos vertientes de mejora: el menor gasto –por eliminación de usos inapropiado-, y la mejora de la salud de la población, al evitarse impactos negativos o adversos de la tecnología sobre las personas.
Ninguna de las dos cosas se ha hecho. Otra oportunidad perdida.
Miguel González Hierro (ADSP Salamanca)
Publicado en El Norte de Castilla 17 de enero de 2015

La deuda con África

 

Ha habido un nuevo intento masivo de inmigrantes que pretendían llegar a Europa. Me pregunto si en los países subsaharianos, los que tenemos más cerca no desarrollados, se hablará tanto de la crisis actual, de las desigualdades sociales o de los recortes como en los de la UE y en España especialmente. Sospecho que allí las conversaciones más frecuentes serán a propósito de “hambre”, “enfermedad”, “agua” y, tal vez, “analfabetismo”. Supongo que a ellos les “sonará a chino” esto de la crisis actual porque allí es continua y desde hace muchas décadas. Tampoco creo que  hablen de desigualdades sociales, seguramente ellos no las perciben dada la separación tan enorme entre ricos y pobres.

Me viene a la memoria la frase “el hambre no razona” que  fue el comienzo de un mitin de Miguel de Unamuno en la Federación Obrera en 1915 con motivo de las penalidades de la población por el desabastecimiento, sobre todo de cereales, como consecuencia de la Gran Guerra. Ese no razonar hace que muchas personas de los países subsaharianos se pongan en manos de las mafias, a un lado y otro de la frontera, para conseguir un estado del bienestar que parte de los ciudadanos de España está perdiendo actualmente.

Parece que la única preocupación de la UE, sobre todo de los países del sur que reciben directamente a los inmigrantes, es cómo evitar que pasen la frontera, cómo justificar su devolución al lugar de origen o lo que es peor al país intermedio donde se encuentran más desprotegidos. Mientras tanto las ayudas a la cooperación internacional, con el pretexto de la crisis, están disminuyendo, como está ocurriendo en España.

La grave desigualdad existente en materia de salud, entre otras muchas cosas, entre los países en desarrollo y los desarrollados debería ser un motivo de preocupación para todos los países (Alma-Ata 1978). Una de las declaraciones de esta Conferencia Internacional  es que todos los pueblos del mundo alcancen en el año 2000 un nivel de salud que les permita llevar una vida social y económicamente productiva

Todos los países deben cooperar, con espíritu de solidaridad y de servicio, a fin de garantizar la atención primaria de salud para todo el pueblo, ya que el logro de la salud por el pueblo de un país interesa y beneficia directamente a todos los demás países”.

La UE tiene que hacer los deberes y aumentar los recursos para la cooperación pagando así la deuda pendiente con África desde la época colonialista.

Gestión clínica

 

 

LO QUE DEFENDEMOS DESDE LA FADSP

 Desde la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública defendemos un sistema sanitario universal, accesible, sin barreras económicas en el momento del uso, de propiedad y gestión pública, basado en la Atención Primaria y con una amplia participación profesional y ciudadana.  

Por todo ello estimamos que:

 1)    La gestión clínica como concepto es decir como un mecanismo para asegurar una mejor utilización de los recursos disponibles de acuerdo con la evidencia científica, para favorecer la autonomía de gestión, mejorar la eficiencia del sistema sanitario y favorecer una mejora de la calidad de la atención sanitaria nos parece una idea positiva.

2)    La gestión clínica no precisa de cambios organizativos en el sistema sanitario porque lo esencial para su desarrollo es un cambio de la cultura organizativa que busque el compromiso diario de los profesionales sanitarios con el buen funcionamiento de la Sanidad Pública

3)    Para el buen funcionamiento de la Sanidad Pública es fundamental la integración de todos los recursos que intervienen en la atención sanitaria. Las Áreas de Salud en su diseño en la Ley General de Sanidad fueron un gran paso en este sentido por lo que deberían de recuperarse como marco geográficamente delimitado de integración de recursos. La gestión clínica entendida como competencia entre unidades favorece la desintegración del sistema sanitario, dificulta la cooperación entre servicios y niveles asistenciales, y es un paso que dificulta la eficiencia del conjunto del sistema sanitario.

4)    La participación social y profesional es un paso imprescindible para cualquier diseño organizativo del sistema sanitario público. No es de recibo que se contemple autonomía de gestión sin garantizar la participación social y profesional, porque la ciudadanía no puede ni debe ser responsable de los resultados de decisiones en las que no participa y porque es la propietaria del sistema sanitario público.

5)    Necesitamos una gestión profesionalizada que acabe con tantas interferencias de la política partidaria en la gestión sanitaria. Por eso reivindicamos desde hace mas de 20 años una formación MIR de gestión que permita tener profesionales de acreditada formación y cualificación para la gestión sanitaria.

6)    Rechazamos totalmente el que las unidades de gestión clínica tengan personalidad jurídica propia y mas aún la posibilidad de la presencia de capital e intereses privados en las mismas, y entendemos que se trata de medidas solo encaminadas hacia una privatización soterrada de la Sanidad Pública

7)    Igualmente entendemos que no existe ninguna justificación para que se produzcan cambios en el régimen estatutario de los trabajadores sanitarios, y que la laboralización que se propone es otra puerta abierta a la privatización del servicio sanitario.

8)     Los incentivos en la Sanidad Pública tienen muchos riesgos de convertirse en incentivos perversos, que han sido señalados anteriormente y en publicaciones de la FADSP http://www.fadsp.org/index.php/publicaciones?task=view&id=21&catid=55  . En todo caso estos pueden implantarse independientemente de que haya o no UGC, y  entendemos que deben cumplir los siguientes requisitos: 1) Ser un conjunto bien elaborado, sostenido en el tiempo y adaptado a las necesidades, tanto en términos financieros como de recursos humanos. 2) Tener en cuenta en su diseño las aportaciones de los principales interesados. 3)  Basarse en principios de transparencia, equidad y coherencia. 4) Adaptarse a la finalidad de la mejora de la salud de la población y de reforzamiento del sistema sanitario público. 5) Combinar los incentivos económicos con los no económicos. 6) Revisables periódicamente y evaluables, tanto en su impacto como en sus consecuencias. 7) Motivar al conjunto de los trabajadores sanitarios. y 8) Evitar la generación de conflictos de interés y/o éticos en relación a lo que se incentiva.

9)    La evaluación de cualquier transformación en la Sanidad Pública es absolutamente imprescindible, y eso exige transparencia y publicidad de los datos asistenciales, porque hay una tendencia de las administraciones sanitarias hacia una sistemática ocultación y manipulación de los datos que hace realmente imposible una evaluación pormenorizada de los resultados. Antes de avanzar habría que realizar una evaluación detallada de la situación del sistema sanitario (a nivel global y en cada comunidad autónoma) y evaluar de manera detallada los resultados de los experimentos y transformaciones realizados, tanto de las privatizaciones (concesiones, PFI, EBAs, etc) como de las UGC ya en funcionamiento.

10)  No es posible realizar transformaciones en profundidad si primero no se acaba con los recortes indiscriminados que están dañando seriamente la Sanidad Pública en su conjunto (13.000 millones € menos presupuestados en 2014 respecto a 2009), porque si no es así cualquier intento de poner en marcha la gestión clínica se convertirá en un sistema de gestionar la miseria y de anteponer los recortes sobre las necesidades de la salud de la población.

11)  Hay que recordar por fin que el principal problema para la mejora de la eficiencia y la calidad de la Sanidad Pública esta en conseguir potenciar la adherencia y el compromiso de sus trabajadores con el objetivo central del sistema sanitario, la salud de la población, porque ellos son los que hacen posible su funcionamiento y los que toman la mayoría de las decisiones realmente sustanciales para el mantenimiento de la calidad y la eficiencia. Se precisa una promoción de la ética y moral de los servidores públicos, de la identificación de estos con la salud de la ciudadanía, cuyo principal enemigo es la política privatizadora, por eso las amplias movilizaciones en defensa de la Sanidad Pública han hecho mas por hacer sostenible el Sistema Nacional de Salud que todos los “planes de sostenibilidad” de las autoridades sanitarias.

Firma contra la implantación de las Unidades de Gestión clínica

LEE EL DOCUMENTO COMPLETO DE LA FADSP SOBRE LAS UNIDADES DE GESTIÓN CLÍNICA 

ADSP Salamanca | Opiniones señaladas

 

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